Gibraltar, un negocio inédito

EL MUNDO-ESPAÑA

La UE aprobó ayer el Acuerdo de Salida del Reino Unido de la Unión Europea. Faltan formalidades que cubrir y el asunto todavía puede paralizarse en el Parlamento británico, pero, en el más probable de los casos, España se encontrará el 29 de marzo de 2019 en una situación inédita en la historia de sus relaciones con el Reino Unido. Esto tiene consecuencias políticas y económicas.Por primera vez, una España integrada en la UE figurará como país reclamante de un territorio -Gibraltar- conquistado, cedido y colonizado por el Reino Unido, un país que acaba de marcharse de esta asociación multilateral.Nunca antes se dio esta situación. España ha estado en guerra con el Reino Unido, ha sido invadida y liberada por fuerzas británicas, ha denunciado ante el comité correspondiente de la ONU la situación de colonialismo de esta potencia europea que, en enero de 1973, llegó a ser miembro de la UE. Y, desde enero de 1986, cuando ella misma se integró en la Unión, ha conllevado el asunto sin dejar de ser un socio leal del Reino Unido.Esta situación nueva demanda una nueva política. Como casi siempre, España no ha llegado a tiempo. En el último momento, como si fuera un aviso de cómo pueden discurrir las cosas en el futuro, Londres introdujo cambios en el acuerdo jurídico de salida sin que Madrid fuera informada. El Gobierno de Pedro Sánchez se ha contentado con la adición de unas declaraciones políticas que en caso de que los británicos accedieran a someterse a un tribunal internacional se considerarían pruebas de segunda mano.Los intereses que España y el Reino Unido comparten son enormes en términos globales. Pero es cierto que hay un tema, ese pequeño Peñón de ahí abajo, que constituye una piedra de toque. Y España tiene una gran desventaja: su ciega fe europea y su tendencia a contentarse con gominolas políticas. Prácticamente dos generaciones de diplomáticos españoles han crecido y se han consolidado en sus puestos de dirección en el Estado convencidos de que el casposo tema de Gibraltar era un problema de sus abuelos que quedaría superado por la integración europea. Pues el Brexit indica que ese tiempo se acabó. Ahora tendrán que lidiar con él. Y esperamos que sea de la forma más inteligente posible.De la misma forma que el separatismo catalán demostró en 2017 que el sueño de Felipe González de que la integración europea aplacaría las ambiciones de los regionalistas (él lo concebía así en el caso vasco) era eso, una ensoñación, el Brexit es un aldabonazo que nos alerta de que carecemos de los conceptos políticos para afrontar a este nuevo Reino Unido que abandona la posmodernidad europea y vuelve al campo de la realpolitik.

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