Trump, a la caza de Amazon

Ésa es una idea que se atribuye erróneamente Milton Friedman que, según sus hagiógrafos, habría dicho eso a sus anfitriones del Partido Comunista Chino cuando estaban enseñándole cómo se hacían las obras públicas en ese país: sin maquinaria, para dar empleo a más gente. En realidad, es mucho más antigua. El primero que la dijo, que se sepa, fue el primer ministro de Alberta, William Aberhart, en 1935, cuando Friedman tenía 34 años, trabajaba para el Estado (¡sí, para el Estado!) y todavía faltaban 14 años para que el Partido Comunista Chino conquistara el poder.

Han pasado 83 años, y el presidente de EEUU ha desenterrado la idea de Aberhart, la ha desprovisto de ironía, y la ha convertido en un arma contra la segunda empresa más valiosa del mundo, Amazon. Trump ha logrado que Amazon pierda en Bolsa el valor aproximado de Inditex en tres días, perjudicando en el proceso a millones de estadounidenses que tienen acciones de la compañía, o fondos cotizados que invierten en acciones de la empresa, propiedad del nieto de vallisoletanos Jeff Bezos. Después de esos ataques de histeria presidencial (que, sospechosamente, nunca se han dirigido contra Facebook, pese a su escándalo con los aliados de Trump de Cambridge Analytica), queda por ver cómo se va a comportar en Bolsa esta semana Amazon.

Las críticas de Trump son demenciales, porque son, por un lado, puro capitalismo de amiguetes (‘crony capitalism’, o sea, una forma educada de hablar de nepotismo) y, por otro, mentira. Dentro de las primeras está el hecho de que a Trump le molesta que sus colegas del sector inmobiliario estén viendo cómo el valor de sus propiedades se desploma a medida que la gente pasa a comprar por internet (o sea, en Amazon) en vez de en tiendas físicas y en centros comerciales. Ése es un argumento falaz, porque la gente compra (compramos) por internet porque es más cómodo, barato y eficaz. Si mañana desapareciera Amazon, lo haríamos con otras compañías. Igual que si mañana desapareciera elmundo.es,usted, lector, no dejaría de mirar noticias online.

Otras acusaciones son de frenopático. Amazon sí paga impuestos estatales y locales en 46 de los 50 estados de EEUU. Y su actividad no sólo no es una carga para el servicio de Correos de EEUU: es lo que está salvando de la quiebra a ese servicio de Correos que, de hecho, ha tenido que extender sus operaciones a los domingos en algunas ciudades sola y exclusivamente por el volumen de tráfico de las entregas de Amazon.

Lo que es más llamativo, y encaja perfectamente en la mentalidad de Trump de distraer a sus votantes de sus verdaderos problemas, es que ninguno de sus tuits se ha centrado en las cuestiones en las que la actuación de Amazon es, por decirlo suavemente, problemática. Por ejemplo, en las condiciones de trabajo de sus almacenes británicos, más propias de una novela de Dickens del siglo XIX que de una empresa teóricamente situada en el siglo XXI, y que incluyen la limitación del tiempo que sus empleados pueden pasar en el baño o la obligación de llevar GPS para que la empresa sepa en todo momento si están hablando con alguien (o en el baño). Cuando, gracias al GPS, un trabajador es ‘cazado’ rompiendo esas normas tres veces, es despedido.

Y Trump no habría necesitado cruzar el Atlántico para ver eso. Los empleados de los almacenes de Amazon en EEUU trabajan en regiones de clima subtropical sin aire acondicionado, y tienen que pasar hasta media hora (no remunerada) mientras les registran a la puerta del local para ver si han robado algo. Sus condiciones laborales (o, más bien, la falta de ellas) son un ejemplo de las crecientes divisiones económicas que está generando la tecnología, y ése es verdaderamente el problema.

Claro que a Trump eso no le interesa. Acaso sea porque es un asunto demasiado complicado. O acaso sea porque implique mejorar y abaratar el sistema educativo de EEUU, y en un presidente -y un partido, el republicano- cuyos votantes tienen abrumadoramente un nivel educativo bajo, eso no sea saludable desde el punto de vista electoral. Es mejor despotricar en Twitter. En vez de excavadoras, palas, y en vez de palas, cucharas.

FUENTE: EL MUNDO-ESPAÑA

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