Por ahora, el aluminio y el acero argentinos quedan fuera de los aranceles de Trump

 

Lo confirmó ayer un funcionario de Washington; “es una muy buena señal”, dijo en Buenos Aires el secretario Miguel Braun; la decisión final llegaría a fines de abril; cautela entre los empresarios Fuente: Reuters

Fuente: Francisco Jueguen  SEGUIR  Rafael Mathus Ruiz  LA NACION-ARGENTINA

 

WASHINGTON.- El gobierno de Donald Trump confirmó que suspenderá, de manera provisoria, la aplicación de aranceles del 25% para el acero y del 10% para el aluminio para la Argentina hasta que finalice el proceso de revisión del pedido de excepción definitivo que solicitó el país. La decisión, anunciada ayer por el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, al responder preguntas ante un comité del Senado, representa un triunfo -parcial, por ahora- para el gobierno de Mauricio Macri, que desplegó una amplia ofensiva diplomática para blindar exportaciones del país por unos US$770 millones anuales.

 

“Es una muy buena señal”, afirmó a LA NACION en Buenos Aires el secretario de Comercio, Miguel Braun. Ahora se darán conversaciones durante el próximo mes e incluso el ministro de Producción, Francisco Cabrera, mantendrá entre hoy y mañana una conversación telefónica con Lighthizer. “A diferencia de lo que ocurrió con el biodiésel, acá no habrá una decisión administrativa y tenemos una muy buena relación política”, dijo Braun. En Comercio creen que la decisión de imponer aranceles tuvo la motivación de sentar a varios países a discutir unilateralmente el comercio con Estados Unidos, en medio de la preocupación creciente de ese país por su déficit comercial. Por eso, no descartan que en la negociación de las próximas semanas aparezca algún pedido comercial al Gobierno.

 

“Es una muy buena señal y ahora hay que seguir las conversaciones”, coincidió Horacio Reyser, secretario de Relaciones Internacionales. Reyser recalcó que la decisión de Trump estaba basada en los puntos que sugirió la carta enviada ayer a los representantes de comercio estadounidenses, en la que se señalaba que las importaciones argentinas de acero y aluminio no representan un problema para el déficit comercial norteamericano, que la Argentina no podía ser considerada una amenaza a la seguridad nacional y que el país no realiza triangulación de esos bienes. La misiva fue firmada por Cabrera (que preside el foro global del acero del G-20) y por el canciller Jorge Faurie.

 

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Trump, según indicó Lighthizer, decidió que los nuevos aranceles, que comenzarán a regir hoy, no se apliquen por el momento a Canadá, México -que renegocian su tratado de libre comercio con Estados Unidos-, Australia, la Unión Europea, Corea del Sur, la Argentina ni Brasil, todos países aliados de Washington.

 

“La idea que el presidente tiene es que, sobre la base de un conjunto de criterios, algunos países deben ser excluidos. Hay países con los que estamos negociando y entonces la pregunta obvia es, como cuestión práctica, ¿cómo funciona? Por lo tanto, lo que ha decidido hacer es detener la imposición de las tarifas con respecto a esos países”, dijo Lighthizer ante una pregunta de uno de los senadores del Comité de Finanzas del Senado.

 

La excepción temporal que logró la Argentina llegó luego de una gestión directa del propio Macri, quien llamó a Trump; reuniones en Washington de Braun y el subsecretario de Comercio Exterior, Shunko Rojas, con funcionarios comerciales de Estados Unidos, y un pedido del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, durante la reciente reunión de ministros del G-20 en Buenos Aires. A eso se sumó el trabajo de la embajada argentina, que lidera Fernando Oris de Roa.

 

Lighthizer ya había ventilado la posibilidad de exceptuar a la Argentina anteayer, al brindar testimonio ante otro comité de la Cámara baja del Congreso. El guiño al país cobra más relevancia porque otros socios que tienen un vínculo mucho más fuerte con Washington quedaron fuera de la lista. Dos ausencias notables: Japón y Colombia, país al que Trump prevé visitar en unas semanas. Ahora, Lighthizer y su equipo deberán evaluar si recomiendan mantener las excepciones temporales o no. Una de las alternativas en danza es que Trump decida aplicar otro tipo de restricción, como, por ejemplo, una cuota, o que se incline por un arancel menor. Todo puede quedar también como estaba antes. Lighthizer prometió tener su recomendación lista para fines de abril.

 

Los principales argumentos que presentó el Gobierno en su carta fueron que existe una “cooperación en defensa y seguridad” entre ambos países y que, ahora, la “fuerte relación comercial” favorece a Estados Unidos: en 2017, la Argentina terminó con un déficit comercial de US$3118 millones.

 

El Gobierno también hizo hincapié en que las importaciones de acero argentino representan solo el 0,6% de las compras al exterior de Estados Unidos, y que se trata de productos de “alto valor agregado”. Las ventas se concentran en tubos de acero sin costura, que produce Tenaris, del grupo Techint. En 2017, la empresa colocó unas 200.000 toneladas en Estados Unidos por un valor de unos US$220 millones.

 

Para el aluminio, el Gobierno brindó el mismo argumento: las importaciones argentinas representaron solo el 2,3% de las compras totales. Aluar facturó en Estados Unidos US$550 millones en 2017. Tanto Techint como Aluar manifestaron a LA NACION el entusiasmo por el anuncio de la administración Trump, pero también cierta “cautela” a la espera de la decisión final. “El Gobierno ha tenido un éxito rotundo”, dijo ayer a LA NACION el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA).

 

El Gobierno también tocó otro tema que había discutido Braun, en su último paso por Washington: la Argentina no es un país de transbordo ni triangulación para exportaciones de acero o aluminio hacia el norte, una cuestión por la cual los funcionarios de Trump habían mostrado especial preocupación.

Por último, la Argentina remarcó que es un participante activo en los esfuerzos para combatir el exceso de capacidad mundial de acero.

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