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La empresa familiar de productos gourmet que arrancó casi sin capital y hoy exporta a Canadá e Inglaterra

 

 

Francisco Ponzinibbio fundó Valleverde, que produce conservas vegetales en frascos y en latas, pastas vegetales e incluso risottos y polentas listas para cocinar

La empresa produce productos gourmet, hongos y conservas vegetales. Foto: LA NACION

VIERNES 29 DE DICIEMBRE DE 2017 • 06:00

 

Fuente:

LA NACION- ARGENTINA

 

San Carlos de Bariloche. -¿Es posible fundar una empresa sin poseer capital inicial? ¿Radicar el emprendimiento a 1700 kilómetros del hogar? Y aún así ¿hacerlo rentable para terminar exportando al mundo entero? Sí. Es posible incluso, radicar esa empresa a orillas de un lago paradisíaco.

Francisco Ponzinibbio lo hizo. En el año 1996 se graduó de ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de La Plata e hizo un posgrado en gestión de empresas agropecuarias. Sólo con estos dos títulos abandonó la ciudad y se instaló en Bariloche para emprender su destino.

Hoy, a veinte años de aquella aventura, la empresa Valleverde tiene siete empleados que trabajan en seis líneas de productos gourmet que cruzan las fronteras de los países limítrofes y llegan a Canadá, Venezuela e Inglaterra.

Los comienzos fueron duros. Y hubo varios fracasos antes de lograr posicionar a la compañía en el mercado. “En un principio alquilé un inmueble que tenía cámaras frigoríficas y empecé a prestar servicio de frío para almacenamiento de fruta congelada, truchas, pollos, madurado de bananas- cuenta el hombre en su establecimiento a orillas del lago Nahuel Huapi-. Pero una vez pasado el desafío de poner en marcha las instalaciones, que llevaban algunos años abandonadas, y adquirido el manejo de la operatoria, me di cuenta de que me faltaba algo. Así en 1998 nació Valleverde”.

Primero la empresa se dedicó a congelar fruta fina y vegetales de la zona: frambuesa, frutilla, choclo, brócoli, que vendía mayorista a gastronómicos y minorista en los supermercados. “Pero era una época difícil, todavía no había una conciencia real de la cadena de frío y a la noche apagaban los pozos de frío y la mercadería se arruinaba. No podía competir con los precios de los productos importados y la rotación no era la que esperaba”, explica Francisco.

Foto: Archivo

Después la empresa rotó y empezó a trabajar en lo que se llama IV gama; esto es, vegetales lavados listos para consumir, algunos en bolsas con atmósfera controlada, otros en bandejitas. Verduras para sopa, ensaladas listas, bolsas de lechuga, acelga, zanahoria y papa pelada entre otros.

“Como literalmente no tenía un peso para empezar, entré en contacto con la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Provincia y obtuve un financiamiento a través del Fontar, fue así que a principios del año 1999 pude equipar las instalaciones y lograr un producto de calidad. La mayor parte del capital fue entonces al diseño y construcción de maquinaria específica para el procesado de vegetales, algo a bienes de uso y el desarrollo de la imagen corrió por cuenta de un amigo”, relata.

Llegó a tener un buen espacio en las góndolas. Abastecía comercios y supermercados desde Bolsón hasta San Martín de los Andes con productos perecederos de muy corta vida útil pero de alta calidad. “Entregábamos los siete días de la semana, teníamos heladeras propias en los distintos supermercados, en su mayoría revestidas en madera de ciprés para darles un toque regional”.

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