Compañías petroleras extranjeras en Venezuela sienten presión de la crisis  

 

A medida que se derrumbaba la industria petrolera de Venezuela durante la última década, había un sector que permanecía en pie: las empresas conjuntas del país con empresas extranjeras, particularmente las que extraen petróleo pesado de las reservas de la Faja del Orinoco.

Esos depósitos de petróleo lodoso extrapesado le dan a Venezuela las reservas probadas más grandes del mundo, y compañías extranjeras como Chevron, Total, Eni y Statoil han decidido que vale la pena seguir trabajando allí a pesar de los crecientes problemas del país.

Sin embargo, a medida que se profundiza la crisis financiera de Venezuela, y con un nuevo conjunto de sanciones estadounidenses que aumentan la presión, incluso las empresas conjuntas extranjeras están sintiendo la tensión. A medida que se deterioren aún más las condiciones, las compañías europeas y estadounidenses enfrentarán preguntas difíciles sobre el futuro de sus operaciones.

La presencia continua de las compañías petroleras extranjeras en Venezuela ya es producto de su voluntad de compromiso.

En 2006 y 2007, el presidente Hugo Chávez tomó medidas para tomar el control de la industria, la cual había recibido inversiones a gran escala de compañías como ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips y BP.

Las “joyas de la corona” del sector petrolero venezolano fueron cuatro proyectos en la Faja del Orinoco para extraer petróleo extrapesado, que tiene la consistencia de la crema de cacahuete, y mejorarlo a una forma más ligera de crudo que las refinerías pueden procesar más fácilmente.

El Sr. Chávez emitió un decreto para darle a PDVSA, la compañía petrolera nacional, una participación del 60 por ciento en esos proyectos, y luego envió tropas para hacer cumplir la orden a punta de pistola, de ser necesario.

Dos compañías estadounidenses, Exxon y Conoco, decidieron retirarse y posteriormente demandaron con la intención de recuperar el valor de los activos que habían perdido. Los demás permanecieron en su mayoría, pues decidieron que retener la participación minoritaria era una mejor apuesta que una larga e incierta batalla legal.

Durante años, ésa pareció ser la decisión más sabia. El petróleo extrapesado en Venezuela ha sido una historia exitosa desde hace mucho tiempo: la producción aumentó de 200,000 barriles por día en 2000 a 900,000 barriles por día en 2016, según la Agencia Internacional de Energía, y ese éxito continuó incluso después de que PDVSA se hiciera cargo.

Chevron, por ejemplo, pudo mantener su producción en Venezuela estable durante el período de 2010 a 2016, con aproximadamente 56,000 barriles por día de petróleo.

BP, que también aceptó los términos del Sr. Chávez, pudo vender su participación minoritaria en sus empresas conjuntas venezolanas, junto con algunos activos en Vietnam, a su filial rusa TNK-BP por el atractivo precio de US$1.8 mil millones en 2010.

Sin embargo, cuando el precio del petróleo cayó en 2014, PDVSA se sumió en una crisis. Desesperada por dinero en efectivo para pagar la carga de su deuda, la compañía ha privado a sus operaciones de fondos.

“Se ha vuelto muy difícil invertir en las instalaciones o incluso mantenerlas adecuadamente”, dijo un ejecutivo de la industria familiarizado con Venezuela. “Por eso la producción sigue disminuyendo”.

Las estimaciones de la producción de Venezuela varían, pero las cifras que el gobierno proporciona a la OPEP muestran una disminución de un promedio de 2.65 millones de barriles por día en 2015 a 1.96 millones de barriles por día en octubre. Francisco Monaldi, economista venezolano de la energía de la Universidad Rice en Houston, afirma que PDVSA enfrenta un “espiral de la muerte” de disminución de la producción y una crisis financiera más profunda.

El efecto de la fuga de dinero se ve agravado por la mala administración en PDVSA, dicen ejecutivos y analistas extranjeros. La compañía estatal ya había tenido un éxodo de talento durante el mandato del Sr. Chávez — hay ingenieros petroleros venezolanos calificados en todo el mundo — y una reducción del gasto y las luchas políticas internas han degradado aún más sus capacidades.

“PDVSA no tiene control ni gestión”, dijo el Sr. Monaldi. “No es una compañía; es una serie de feudos”.

Docenas de ejecutivos de PDVSA han sido detenidos bajo cargos de sabotaje y corrupción, lo cual ha paralizado la toma de decisiones. La semana pasada, el presidente Nicolás Maduro, elegido después de que el Sr. Chávez murió de cáncer en 2013, designó al general de división Manuel Quevedo, un militar de carrera sin experiencia evidente en la industria petrolera, como nuevo presidente de PDVSA y ministro del petróleo. Risa Grais-Targow, analista de Venezuela para Eurasia Group, escribió que su falta de experiencia “nublaría una perspectiva ya sombría para PDVSA”.

Otro problema es que la profundización de la recesión está dificultando la importación de suministros esenciales, incluyendo combustible y petróleo ligero para diluir el crudo pesado de Venezuela. Las importaciones del país cayeron de US$37 mil millones en 2015 a US$18 mil millones el año pasado, de acuerdo con el gobierno y el banco central, y han caído nuevamente este año.

Esta situación ya difícil se ha visto agravada por la última ronda de sanciones estadounidenses impuesta por la administración Trump este año.

Las sanciones no estaban dirigidas a la industria petrolera — miles de estadounidenses trabajan en refinerías y otras instalaciones que procesan y distribuyen crudo venezolano — pero han tenido el efecto de dificultarle a cualquier compañía internacional operar allí. “Las instituciones financieras se han vuelto muy cautelosas sobre cualquier transacción con PDVSA”, dijo el ejecutivo de la industria petrolera.

Las sanciones también parecen restringir una táctica que ha sido utilizada por compañías de servicios petroleros, incluyendo Schlumberger y Halliburton, para seguir trabajando en Venezuela: tomar pagarés que devengan intereses para sustituir los cientos de millones de dólares en facturas impagadas. Las sanciones impuestas en agosto les prohibieron a los ciudadanos estadounidenses comprar nuevos bonos de PDVSA con un vencimiento de más de 90 días.

Raúl Gallegos, de la consultoría Control Risks, autor de un libro sobre Venezuela llamado ¿Cuándo se Jodió Venezuela?, dijo que, no obstante, las compañías extranjeras estarían preparadas para “mantenerse firmes” durante la turbulencia, para mantener el acceso a las vastas reservas del país.

“Éste es un negocio que piensa en lo que va a pasar 20 ó 30 años en el futuro, no lo que va a suceder en el próximo par de años”, dijo. “Están tratando de mantener las relaciones con el gobierno mientras esperan que lleguen tiempos mejores; quizás no este año ni el próximo, pero sí a mediano plazo”.

Sin embargo, las compañías extranjeras tienen algunos temas en los que no están dispuestas a ceder, incluyendo la seguridad de su personal y su situación legal. Si éstos se ven amenazados, tendrán que volver a evaluar si vale la pena seguir adelante.

China ha desempeñado un papel cada vez más importante en Venezuela, pero el año pasado la embajada china en Caracas advirtió sobre la creciente inseguridad y les aconsejó a los trabajadores locales no viajar solos, comprar perros guardianes para sus hogares e instalar sistemas de GPS en los automóviles para facilitar la localización de las víctimas de secuestro. Más de 30,000 trabajadores chinos han abandonado Venezuela desde 2014.

Una gran ventaja de las empresas conjuntas de Venezuela para las compañías extranjeras ha sido que, en lugar de permitirle a PDVSA vender el petróleo y luego esperar a que se les pague su parte, han tomado un porcentaje de la producción y han podido venderlo ellas mismas. Ahora hay indicios de que esos arreglos se están sometiendo a prueba.

Reuters reportó recientemente que PDVSA le había pedido a su empresa conjunta con Chevron, Petropiar, que le entregara hasta el 45 por ciento del petróleo que planeaba exportar el mes pasado. Chevron no quiso hacer comentarios sobre el reporte, y sólo dijo que “continúa operando normalmente en Venezuela”.

Si ese tipo de apropiación, aparentemente destinada a satisfacer la demanda doméstica de combustible, se vuelve común, podría ser la gota que derrame el vaso, dice el Sr. Monaldi.

“Si no pueden obtener petróleo, quedarse allí se volvería problemático”.

 Fuente: 

PETRÓLEO

DIARIO LIBRE | 11 DIC 2017, 7:00 AM

|

FINANCIAL TIMES

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