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Las claves del ‘acuerdo de divorcio’: empieza la fase más difícil del Brexit

 

Nada gusta más en Bruselas que un acuerdo de madrugada. Lo que no pudo lograrse en septiembre, ni antes del Consejo Europeo de octubre, ni el pasado lunes a pesar de la visita exprés de la primera ministra Theresa May a la capital comunitaria se logró la pasada noche tras cuatro días de infarto y cuatro veladas sin dormir. Un acuerdo de mínimos, un consenso para firmar un documento de apenas 15 páginas que constatan el “progreso suficiente” que los 27 reclamaban y que abren la puerta para comenzar la segunda fase de las negociaciones del Brexit.

El acuerdo no garantiza nada en sí mismo. Como explicaron May y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en una breve comparecencia ante la prensa poco después de las 08.00 de la mañana en el edificio Berlaymont, sirve para que Juncker haya “recomendado” al Consejo Europeo que se pase lo antes posible a la segunda fase. Eso quiere decir que la pelota está ahora en el tejado de los Estados Miembros, que se espera que no pongan trabas, pero que legalmente tienen la última palabra y podrían tirar por la borda todo si consideraran insuficiente la doble propuesta. “Es un momento triste, pero hay que mirar el futuro y estoy seguro de que Reino Unido será un amigo y un aliado de Europa“, dice el luxemburgués.

Pero es que además, el lema de la negociación es que “nada está cerrado hasta que todo esté cerrado”, así que todo lo que está en el papel sólo vale para pasar de nivel y seguir hablando. Y todo puede tocarse en los próximos meses.

Prácticamente todo estaba cerrado el pasado fin de semana, pero la resistencia del Partido Unionista Democrático impidió a May dar el paso final. En las últimas horas, sin embargo, se han superado las diferencias y Londres, Dublín y Belfast, tras constantes consultas con el Consejo y la Comisión, se dan por satisfechas con un pacto que “evita la frontera dura”, “garantiza la aplicación de los acuerdos del Viernes Santo”, asegura “la integridad de Reino Unido” y al mismo tiempo permite que los irlandeses del norte conserven los derechos de ciudadanos europeos en lo que a circulación, viaje y mercado interior se refiere. Más o menos.

Hay acuerdo provisional y eso refleja, sobre todo, que May y su Gobierno han tenido que hacer incontables cesiones, que se ha perdido un tiempo precioso y que los más duros en sus líneas estarán furiosos cuando comprendan el alcance de todo. Preguntado por un ejemplo concreto de algo en la que los negociadores británicos hayan hecho cambiar de idea a los europeos, Barnier se ha reído, ha sonreído, ha dudado y tras unos momentos de silencio ha encontrado, por fin, uno: “el pago de la mudanza de las agencias europeas” desde Londres a Ámsterdam y París. Pero le ha costado.

¿Qué pasa ahora?

El presidente del Consejo, Donald Tusk, toma ahora las riendas. “Esta mañana he recibido la confirmación de nuestros negociadores de que se ha hecho el suficiente progreso. Eso me permite presentar un nuevo borrador de directrices para el Consejo Europeo de la semana que viene. Se lo he enviado ya a los líderes. Mis propuestas son las siguientes. Par empezar, deberíamos empezar negociando el periodo de transición, para que ciudadanos y empresas tengan claridad sobre su situación”.

May pidió oficialmente hace unas semanas un periodo de transición de dos años desde la salida de Reino Unido, el 29 de marzo de 2019. Eso implicaría que en ese tiempo ya no sería Estado Miembro, pero sí seguiría dentro del Mercado Único y la Unión Aduanera, y se daría tiempo suficiente para definir el futuro marco entre ambas partes, sin que se corten de golpe todos los lazos. “Estamos listos para discutirlo, pero naturalmente tenemos nuestras condiciones. Propongo que durante ese periodo, Reino Unido tenga que respetar toda la ley europea, incluidas las nuevas. Los compromisos presupuestarios. La supervisión judicial. Y desde luego todas sus obligaciones”, ha explicado Tusk antes de salir de viaje hacia Rumanía.

La propuesta europea es tan clara como difícil de aceptar para Londres, pues supondría que “claramente, durante el periodo de transición, el proceso de decisión en la UE seguiría entre los 27“. Es decir, que Reino Unido tendría que aceptar lo que otros decidieran sin posibilidad de opinar, votar, vetar o abstenerse. “Parece ser la única solución razonable y va en el interés de todos nuestros ciudadanos que se acuerde lo antes posible”, ha insistido Tusk.

La próxima semana, jueves y viernes, los líderes de los 28 viajarán a Bruselas para una triple Cumbre: un Consejo Europeo a 28, uno a 27 en el formato sobre Brexit y luego una Eurocumbre. Y allí se verá la reacción de las capitales. Y si dan luz verde o hay que seguir intentándolo, algo que sería demoledor.

Tusk propone en su carta “dar un mandato a nuestros negociadores para iniciar las conversaciones exploratorias”. Pero el polaco ha querido enviar también una advertencia: “aunque satisfechos por el acuerdo, que es obviamente un éxito para Theresa May, el desafío más difícil no ha llegado todavía. Todos sabemos que romper es duro, pero romper y levantar una nueva relación es mucho más duro. Se ha dedicado mucho tiempo a la parte más fácil de esta tarea y ahora para negociar la transición y el marco futuro de nuestra relación de facto sólo tenemos menos de un año”.

Derechos de los ciudadanos

Desde el primer día, los derechos de los ciudadanos europeos en Reino Unido tras la consumación del divorcio es “la principal prioridad”. Así lo ha reiterado esta mañana el negociador principal europeo, Michel Barnier, en una rueda de prensa para explicar los detalles del texto consensuado.

“Hay un principio de aplicación recíproca para los 3,5 millones de europeos en Reino Unido para los británicos que viven en la UE, cerca de 2,5 millones. No habrá ninguna discriminación por su nacionalidad. Más allá de principios hay garantías en el texto. Todos los ciudadanos que lleguen a la UE o a Reino Unido antes de la salida podrán seguir residiendo, trabajando o estudiando como a día de hoy“, ha desglosado Barnier. “Dos ejemplos. Las enfermeras que estén antes del Brexit seguirán trabajando y su situación profesional será reconocida. Los británicos en Europa podrán seguir estudiando y trabajar en ese país cuando terminen sus estudios. Y eso vale a la inversa.

Segundo, los miembros de familias, esposos, hijos, padres, abuelos, tendrán derecho a residir junto a los suyos en el futuro. Todos los hijos, tanto si nacen antes como después de la salida de Reino Unido, y los miembros de familias que viven en la UE, igualmente.

Tercero, tras la salida las prestaciones de seguridad social se podrán conservar tras el Brexit si los ciudadanos deciden vivir en otro país de la UE. Esa exportabilidad de derechos incluye todas las prestaciones.

Cuarto, habrá un procedimiento para el llamado UK Special Status, debemos seguir discutiendo los detalles, y sé la vigilancia justificada del Parlamento Europeo de este asunto. Que haya garantías”.

Tribunal de Justicia

Una de las obsesión de los partidarios del Brexit era la de recuperar la “soberanía de sus tribunales”. La de la UE, que haya una instancia superior que pueda garantizar que dentro de un tiempo un cambio legislativo no vaya a revertir lo pactado. Tras mucho pelear, la Comisión y Londres han aceptado algo intermedio. La Corte de Justicia de la UE podrá también poner, será su facultad, cuestiones prejudiciales referentes al acuerdo de retirada durante ocho años. Es un tiempo realista para construir la jurisprudencia que ahora no existe“, ha dicho Barnier. Y los británicos, si quieren, también podrían hacerlo. Además, Londres “creará una autoridad independiente para supervisar el acuerdo y los derechos”.

Desde Reino Unido, sin embargo, se insiste en que el número de cuestiones prejudiciales que se podrán remitir durante ese periodo de ocho años será limitado y que los tribunales de Luxemburgo no podrán funcionar exactamente igual que ahora.

Irlanda del Norte

“Garantizamos que no habrá frontera dura”, ha dicho May esta mañana. Reino unido “ha prometido una solución único y May nos da efectivas garantías para evitarlas efectivamente”. Se mantiene el texto anticipado el otro día, que habla de un “alineamiento reglamentario” en lo que se refieren al Mercado Único y la Unión Aduanera. “Los residentes de Irlanda del Norte que son irlandeses seguirán disfrutando sus derechos como ciudadanos europeos. Como pueden imaginar, el texto acordado es resultado de trabajo duro conjunto. Los estados necesitarán soluciones creativas para que eso ocurra. Nadie debería subestimar las dificultades que tendremos por delante. No sólo hay que ser flexibles e imaginativos, famosas palabras, sino que hace falta responsabilidad colectiva”, ha dicho Barnier.

La cita a flexibilidad imaginación no es gratuita. Es lo que May y David Davis han reclamado desde hace meses, acusando a Bruselas de ser muy rígida. En esto han transigido y lo hacen ver.

Factura de salida

El dinero ha sido un problema desde el primer día. Reino Unido ha pasado de decir que no pagaría nada y que incluso la factura podría salirle a pagar a Bruselas a poner encima de la mesa más de 50.000 millones de euros.

“Estamos de acuerdo en la metodología. Sobre tres principios de los que hemos hablado siempre. Ningún estado tendrá que pagar más que ahora por el Brexit. May lo dijo en Florencia y lo confirma. Se honrarán todos los compromisos adquiridos durante estos años. Y Reino Unido no pagará más que si fuera un Estado Miembro“, ha prometido Michel Barnier.

Hay un acuerdo firme entre ambas partes sobre la lista de compromisos financieros y los principios para calcular el valor y el importe de esa factura. “Nunca he hablado de cifras aquí y no lo voy a hacer ahora”, ha dicho el francés, pero acto seguido ha apuntado que “se ha hablado de ciertas cantidades, y algunas son bastante realistas”, en referencia a la última estimación de en torno a 50.000 o 60.000 millones de euros. El documento, por cierto, especifica que el dinero se abonaría en la divisa común, y no en libras.

Reino Unido ha tenido también que comerse algo que será de muy difícil digestión en las islas: la participación en el marco presupuestario europeo de 2014-2020,es decir, incluso más allá de su salida en 2019.

“Sobre el Presupuesto 2014-2020, contribuirán en 2019-2020 como si siguieran siendo un Estado Miembro”, ha detallado el galo, un bombazo para los duros. Así como las pensiones de los funcionarios.

Ambas partes además han logrado un entendimiento sobre los detalles de la participación financiera “en la Banca Europea de Inversión, el BCE y el fondo europeo de desarrollo, en particular sobre la solidaridad con África, y sobre la facilidad para la ayuda a refugiados en Turquía”. Fuente: El Mundo-España

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