Honrando a Duarte

Juan Pablo Duarte cumple hoy 137 años de fallecido

Paradójicamente no pudo disfrutar de la Patria por la que vivió y luchó hasta morir. Conoció más el destierro que el calor de un hogar, rodeado de familiares y amigos.

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Un día como hoy falleció  en Caracas, Venezuela  el patricio Juan Pablo Duarte, según los historiadores, pobre y lastimosamente solo.

El año que transcurre fue designado en honor a la memoria del patricio Juan Pablo Duarte, en ocasión del bicentenario de su nacimiento.

Juan Pablo Duarte y Díez  nació el 26 de enero de 1813, y falleció el 15 de julio de 1876, tenía 63 años de edad, y sostienen los investigadores que habría contraído tuberculosis, una enfermedad que para la época era incurable.

Desde el pasado año, se integró una comisión para realizar las actividades relativas a la celebración del bicentenario del Patricio y exaltar  su la obra.

El mérito de Duarte, como patriota y como político organizador, estriba, fundamentalmente, en que supo interpretar el momento histórico que vivía la sociedad dominicana  de aquel entonces, renuente en sus capas más decisivas a aceptar la dominación haitiana.

Por los conocimientos adquiridos en sus constantes viajes a Europa  Duarte conoció el valor de la identidad de los pueblo y su desarrollo tanto en el plano cívico como de superación colectiva, cuando estos se independizan.

Paradójicamente cuando Duarte sufrió más exilios fue cuando logró la independencia de su Patria amada.

Sus enemigos internos no le perdonaron el liderazgo que desarrollo, en base a la pureza y avance de sus ideas.

                                                                                                                     

Franklin Franco: “La vida de Duarte fue una tragedia”

Banner Bicentenario DuartePara resaltar la persistencia, el sacrificio y amor incondicional hacia su Patria, el historiador Franklin Franco afirmó que la vida de Juan Pablo Duarte fue una tragedia, pero que nunca cejó en sus planes de liberar el país del yugo haitiano y de toda injerencia extranjera.

Para el historiador, un sector influyente de la sociedad asumió actitudes de  ingratitud frente al patricio; que  no solo lo  persiguió a él y sus compañeros trinitarios, sino que  luego de la prisión y destierro junto a su familia, en el país no hubo ningún tipo de protesta a favor del creador de la República.

“No se conoce de ningún tipo de escrito, panfleto, documento o protesta en contra de la persecución y el destierro de Juan Pablo Duarte. Eso es una pena”, dijo Franco.

Insistió en que la vida de Duarte fue una tragedia porque él y su familia se pasaron la mayor parte de su vida en el exilio o corriendo de la persecución, inicialmente, de los haitianos y después del caudillo Pedro Santana y sus seguidores.

“La vida de Duarte fue una tragedia, pero eso no impidió que el Patricio se colocará por encima de la atrasada sociedad en que le tocó vivir y que lo persiguió hasta más no poder”, lamentó el historiador.

Sostiene que la vida del patricio puede fácilmente ser llevada al teatro y las cosas que le pasaron al prócer son para un guión de una obra de teatro, para que cuente su tragedia.

Ocurre que para el 1844, según Franklin Franco, cuando el Grito de Independencia Nacional,  el 95% de la sociedad era analfabeta por lo que no se entendía mucho sobre los ideales de Duarte y los trinitarios.

Explicó que Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Matías Mella y los demás trinitarios eran una élite con pensamientos de avanzadas, pero que estos representaban la minoría en ese momento.

Igualmente, lamentó que muchas cosas sobre Juan Pablo Duarte en Venezuela no se conozcan por el desinterés  que han tenido todos los gobiernos después del Grito de Independencia y la muerte de Duarte.

Fuente externa

                                                                                                                     

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Este 2013 es el año del bicentenario del natalicio  del dominicano de alma más pura;  el padre de nuestra nacionalidad: Juan Pablo Duarte y Díez.  Es por ello que la Dirección General de Aduanas, (DGA)  dentro de los festejos para honrar a ese ilustrísimo dominicano tiene en carpeta  develizar una pintura al óleo  de nuestro curador de arte  Antonio Gonzales Duche  y publicar a través de este  diario electrónico los rasgos que hicieron de Duarte  el hombre más admirado de la Patria.

Ser líder-ideólogo del proyecto independentista, que tuvo como consecuencia la separación de Haití, creación de la nueva República, obligaron a Juan Pablo Duarte a permanecer 32 años en el exilio,  de los 63 que duró su vida. El Padre de la Patria murió, relativamente, joven, pero sus sacrificios y sufrimientos son de un hombre que duró más de un siglo de vida.

Parte de sus amarguras incluyen el recibir en el exilio a sus desterradas  madre y hermanas durante una de sus peores crisis económicas.

Su persecución se inició antes de proclamarse la Independencia. Para Duarte evitar ser encarcelado  -y seguramente fusilado- por el Gobierno haitiano tuvo que exiliarse por más de cinco meses en Venezuela y Curazao.

Después de ser liberada la Patria, Duarte únicamente pudo vivir en su país cinco meses y 25 días.  Durante este período permaneció 15 días en prisión en el Castillo de San Felipe, Puerto Plata. Luego purgó prisión en Santo Domingo, antes de ser expulsado a perpetuidad por el general Pedro Santana y el líder conservador Tomás Bobadilla.

En el transcurso de 180 días que permaneció el patricio en el país, luego de ser liberada la República del yugo haitiano, el padre de la Patria permaneció muy poco tiempo con su familia. La mayoría del tiempo lo dedicó a organizar la Junta Central Gubernativa (era un gran organizador), resolver conflictos internos, acuartelado en un campamento militar en Santo Domingo y en los campos de batallas en las lomas ubicadas entre Azua y Baní.

Durante su segundo exilio, que duró más de tres décadas, el padre de la Patria vivió en Hamburgo, Venezuela, Curazao, Saint Thomas, pero cuando estalló la Guerra de Restauración, en 1864, contrató una embarcación y regresó al país para enfrentar la anexión a España.

Juan Pablo Duarte sufrió persecución perpetua  primero de las autoridades haitianas y después de sus propios compatriotas, pero nunca vaciló en su amor y desprendimiento por su patria.

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Al regresar del primer exilio de Duarte fue declarado “El General de la Patria”

“Todos los  ciudadanos se disputaban el honor de estrechar aquella mano vigorosa y leal, que con tan admirable tacto y paciencia había reunido en compacto haz los elementos nacionales disgregados desde la funesta invasión  de Boyer…”.
Así define el historiador  Casimiro de Moya el júbilo, la algarabía  con que el ciudadano común recibía al patricio Juan Pablo Duarte, luego de regresar de su primer exilio.

Es que luego del grito de Independencia Nacional  entre las primeras medidas del nuevo Gobierno –denominado Junta Central Gubernativa–  estuvo declarar la abolición de la esclavitud.  La otra medida fue que por gestiones de Mella y Sánchez se comisionaron  el dos de marzo de 1844 a Juan Nepomuceno Ravelo, Juan Alejandro y Enrique Duarte  viajar a Curazao para buscar a Duarte, a Juan Isidro Pérez y a Pedro Alejandrino Pina, en la goleta  “Leonor”.

El  6 de marzo la comitiva oficial llegó a Curazao, donde Nepomuceno Ravelo le hizo entrega a Duarte de la siguiente comunicación: “Dios, Patria y Libertad,  Junta Central Gubernativa de la República Dominicana.

“A  nuestros compatriotas Juan Pablo Duarte, Pedro Alejandrino Pina, y Juan Isidro Pérez.

“Compañeros: El día  27 de febrero último llevamos a cabo nuestro proyecto. Triunfó la causa de nuestra separación  con la capitulación  de Desgrottes y en todo el Distrito, Azua y Santiago deben a esta hora haberse pronunciado.

El amigo Ravelo, portador de la presente, les dará amplios detalles de lo sucedido, les informará de lo necesario que son los armamentos. Regresen tan pronto como sea posible para tener el honor y el imponderable gusto de abrazarnos; y no dejen de traer el armamento y los pertrechos, pues los necesitamos por temor a una invasión”.

Esta pudo haber sido una de las informaciones que recibió Duarte que lo pudieron haber llenado de alegría y quizás haber olvidado todos aquellos momentos de persecución que había vivido  después que el general Charles Hérard dictara prisión en su contra y que lo obligó a salir del país.

Dos días después salen de Curazao y en  horas de la noche del 14 de marzo de 1844, la  embarcación retornó al país anclando  en el puerto San Diego. Al día siguiente una delegación de la Junta Gubernativa encabezada por el  Arzobispo don Tomás de Portes fueron los primeros en bajar a la embarcación  a saludar a Duarte con  las siguientes palabras “Salve Padre de la Patria”.

La Junta Central gubernativa les dispensó los honores de estilo y aquella mañana se convirtió en un festejo intenso,  gran parte de la población dejó sus viviendas y se  acercó al puerto para saludar a los recién llegados y aclamar a Duarte como “El General del Pueblo, El General de la Patria”.

“Todos los ciudadanos se disputaban el honor de estrechar aquella mano vigorosa y leal, que con tan admirable tacto y paciencia había reunido en compacto haz los elementos nacionales disgregados desde la funesta invasión  de Boyer. Traía los pertrechos de guerra que con el resultado del modesto patrimonio de su familia había podido comprar en Curazao y no pensando más que en seguir sirviendo a la Patria que había soñado, celebró todos los  (actos) consumados y aceptó el nombramiento de Comandante del Departamento de Santo Domingo y el  puesto de vocal en el seno  de la Junta”. Casimiro de Moya. Obra citada Vol. Pág., 163.

Una vez terminaron los actos de honor en el Palacio de Gobierno donde la Junta Gubernativa le entregó las insignias de general de brigada,  Duarte se dirigió junto a una  muchedumbre que le seguía a la residencia de su madre, en la calle del Comercio, donde le esperaba doña Manuela. En el acto inicial todo fue alegría, pero faltaba don José y estuvo a punto de retornar la  tristeza.

El presbítero Bonilla de inmediato hizo uso de la palabra y suplicó a doña Mañuela, diciéndole: “Doña Manuela, los goces no pueden ser completos en la tierra. Si su esposo viviera, el día de hoy le proporcionaría una de esas dichas de las que sólo es dable disfrutar en el cielo. ¡Dichosa la madre que ha podido dar a la patria un hijo que tanto la honra!”.

Una vez concluidas las celebraciones conmemorativas a la llegada y designación de general de Juan Pablo Duarte, éste asumió el escaño de jefe  del Ejército en Santo Domingo, pero al recibir, la Junta Gobernativa, informaciones  de que Santana había enfrentado, el 19 de marzo de 1844, al ejército de Hérard próximo a Azua y les había ocasionado significativas bajas, pero  se vio obligado a retroceder con su tropa a Baní.

Esta información ocasionó preocupación en el seno del gobierno dominicano y  decidieron enviar a Duarte el día 22 hacia Baní con un escuadrón  para  reforzar las tropas de Santana y  sucederle en el mando si era necesario.

Duarte llegó al cuartel de Santana en Baní la noche del 23 de marzo y de inmediato se produjo el primer encuentro entre ambos y continuaron conversando  al día siguiente, situación que muy pronto  produjo un conflicto. Santana y Duarte tenían visiones políticas diferentes y, por supuesto, estrategias bélicas muy diferentes.  Pedro Santana, cacique hatero Seibano, era conservador y Duarte, letrado, humanista, era liberal.

Es que  Duarte era partidario de iniciar una ofensiva militar  inmediata contra los haitianos que permanecían en Azua, pero Santana entendía que había que  permanecer a la defensiva sobre las montañas de Baní.

Mientras esto ocurría en el área de las montañas de Baní, en Santo Domingo, a   espaldas de los trinitarios, Tomás Bobadilla en coordinación con Santana solicitaban ante el cónsul de Francia que acelerara el proceso de anexión.

Sin embargo, en el  transcurso de los días el conflicto entre los dos generales en la montaña del Sur continuaba tomando fuerza.

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